Renaciendo de tu abismo
Morí en tus manos,
como muere el río en el mar
sin saber que el naufragio
es apenas otra forma del viaje.
Te amé con la furia
de quien incendia su propia casa
solo para ver danzar las llamas,
solo para probar la ceniza en los labios
y descubrir que el fuego nunca es nuestro.
Y caí,
como cae la fe en la lengua del escéptico,
como se desploman las catedrales
cuando el viento las olvida.
Pero el abismo no es el final,
sino la fragua donde se funden los huesos.
He aprendido que la muerte
es solo un parpadeo largo
y que la vida insiste,
como la hierba entre las ruinas.
Así vuelvo,
con la piel hecha cicatriz y relámpago,
con la mirada de quien vio el otro lado
y decidió quedarse en la tormenta.
Vuelvo a la tierra con las manos vacías
pero con un nuevo verbo en los labios:
crear,
como quien renace de su propia sombra
y la convierte en luz.
Comentarios
Publicar un comentario