Entradas

Mostrando entradas de 2025

Jaulas invisibles

Amar fue beber un veneno dulce en copas bendecidas por la costumbre. Nadie vio las rejas, pero mis manos sangraban al tocarlas. El amor llegó como un hechizo antiguo, con su lengua de fuego y promesas, me llamó libertad y me nombró prisionera. Hay jaulas que no hacen ruido: se cierran con besos, se sellan con juramentos, se vigilan con miedo. Yo ardía— no de gozo, sino de exceso. La carne embrujada pedía cielo y la moral, con su látigo invisible, me enseñaba a bajar los ojos. ¡Qué agonía la del deseo cuando ama más de lo permitido! El erotismo era una oración blasfema que recé de rodillas y desnudez interior, mientras el mundo contaba mis pecados como cuentas de un rosario ajeno. Amar así fue salvaje: no por la carne, sino por la verdad. Porque quise sin pedir perdón, porque sentí sin domesticar el pulso, porque no supe fingir mansedumbre. La libertad del amor no está en huir del otro, sino en romper el cerco moral que llama pecado a lo que arde y virtud a lo que se marchita. Hoy rompo...

El Mercader de Sion

No hables del Éxodo, olvida las promesas talladas en papiros vencidos. Aquí se vende una patria empaquetada para turistas, un Mesías con contrato de franquicia que firma cheques sobre el mármol de una mezquita derruida. Dicen que es un designio divino, una profecía de acero y cemento. Pero yo solo veo a un dios con corbata que cotiza en bolsa con las llaves de las casas ajenas, mientras bendice los drones que siembran el pan amargo del despojo. Su espiritualidad es un arma. Su fe,un muro de seis metros. Cantan salmos mientras borran olivos, rezan el Shemá con una mano y con la otra firman las órdenes de demolición. ¡Qué sublime farsa la de los piadosos que cambian el Talmud por un manual de ocupación! Han convertido el lamento en marketing, el Holocausto en un escudo impune. Gritan"¡Nunca más!" para justificar el siempre, mientras venden camisetas con la estrella de David junto a la foto de un niño muerto en Gaza. Es la industria del victimismo convertida en verdugo. Yo te re...

El Instante Supremo

Bajo el giro insondable de esferas eternas,   los siglos tejen y destejen su luz en la sombra.   Yo, peregrino de polvo y enigma,   hallé un día el umbral  que ningún nombre nombra.   Algo quedó suspendido en el aire del tiempo,   como un eco de la primera sílaba del mundo.   Río en la lengua del abismo originario,   donde el caos y el verbo aún son uno.   Es la aventura prodigiosa:   rasgar el velo de lo aparente,   reducir el cosmos a un parpadeo,   y oír en el vacío la música de lo ausente.   Allí, donde la materia se desdobla   como un pétalo de eternidad,   habita el idioma que no se escribe:   la respuesta tallada en la oscuridad.   Sacrificio es escalar la cima invisible,   beber del silencio que quema y alumbra.   Solo los sabios que han mordido el relámpago   vuelven con el secreto que ...

Anatomía de la Sed

  Aquí el aire es un cuerpo, un viejo fantasma que mastica el cristal de los adioses no dichos. La luz no cae del cielo, se desploma, es un ángel con las alas de yeso, roto en la frente de los niños. No caminas sobre ruinas, mi amigo, no te engañes, caminas sobre la tráquea de una casa que aún quería cantar, sobre el pulmón de un jardín que soñaba con naranjas y hoy tiene el hipo seco de la pólvora. Porque la muerte aquí no es un punto final, es una elipsis... la caligrafía temblorosa que dejó una mano en el muro, buscando otra mano. Perder a un hijo no es un hueco, no, es volverse de pronto una campana rajada condenada a sonar con el timbre de su risa ausente. Cada cuerpo perdido es un nuevo verbo inventado: yo te Fátima , te extraño hasta la médula del pan; tú me Yusufas , me vuelas en el alma como una cometa en llamas. Y el miedo... ah, el miedo. No es el trueno que llega, es el zumbido de abeja metálica que se anida en la sien. Es ese súbito interés por la forma de las grietas ...

Las Raíces del Ser: Un Simposio de Plantas Maestras

  Por Aethelred Kaelen En el vasto y a menudo ensordecedor teatro de la existencia humana, donde las luces artificiales de la civilización pugnan por opacar el titilar de las estrellas y el estrépito de lo efímero ahoga las verdades susurradas, yace una sed perenne, un anhelo inextinguible: el de retornar al manantial, al origen, a la prístina comprensión de nuestro lugar en el concierto cósmico. Y es en los pliegues más íntimos de la Madre Tierra, en la savia de ciertas plantas venerables, celosamente custodiadas por linajes ancestrales, donde la humanidad ha encontrado, desde tiempos inmemoriales, llaves maestras para franquear los umbrales de la percepción ordinaria y atisbar la esencia desnuda de lo real. Desde mi observatorio en el confín de los tiempos, he contemplado a innumerables buscadores, almas intrépidas o simplemente exhaustas del yermo paisaje de la desconexión, acercarse con humildad y esperanza a estos portales vegetales. Pienso en la liana del alma, el Yagé o Ayah...

El Legado Bifurcado de Prometeo

  Por Aethelred Kaelen En los mayestáticos, e innumerables, anaqueles de la memoria cósmica, allí donde cada efímero pensamiento humano deja una impronta indeleble, la saga de la ciencia fulgura con una luminiscencia tan esplendorosa como trágicamente ambigua. Es la sempiterna crónica de un Prometeo insaciable –la Humanidad misma– que, en un ciclo perpetuo de audacia y hybris, arrebata el fuego ignoto a las deidades esquivas del desconocimiento; un fuego que, si bien ilumina su senda y atempera sus moradas, con pavorosa frecuencia también consume, hasta sus cimientos, el orbe que le fue dado. Contemplad, os ruego, el primer hito trascendental: el verbo encuadernado, la letra de molde democratizada. Gutenberg, con su ingenio de tipos móviles, no solo yuxtapuso frías piezas de metal; desencadenó una plétora indómita, un diluvio de ideas. El saber, otrora un exiguo manantial celosamente guardado por una élite selecta, un arcano vedado al vulgo, se transmutó en un torrente impetuoso, f...

Sinfonía en el Lienzo de Lo Real

  Por Aethelred Kaelen La Dra. Aris Thorne, una pariente lejana mía en el tapiz del tiempo y el espíritu, no era una astrónoma de telescopios ni una física de colisionadores. Se autodenominaba "arqueóloga de la anomalía conceptual", una disciplina que ella misma había inventado en los márgenes polvorientos de la academia. Su búsqueda no era de artefactos o exoplanetas, sino de las grietas en la fachada de nuestra consensuada realidad, los susurros de lógicas alternativas que la ciencia ortodoxa, con su rígida gramática de lo medible, se negaba a escuchar. Fue en el Salar de Uyuni, ese espejo del cielo en la Tierra, donde el universo decidió concederle una audiencia. No hubo naves descendiendo entre fanfarrias de luz y sonido; eso habría sido demasiado… predecible, demasiado anclado a nuestras narrativas infantiles del contacto. Lo que ocurrió fue una sutil alteración en la textura misma del ser. Aris estaba allí, como tantas otras noches, no observando las estrellas, sino sin...

El Desanclaje Final

  Por Aethelred Kaelen La llaman la Era de la Discordia Sostenida. Un eufemismo elegante, casi poético, para el hedor a cordita rancia y el zumbido constante de los drones de vigilancia que se habían convertido en la banda sonora de la existencia. Las naciones, o lo que quedaba de sus orgullosas siluetas en los mapas holográficos, eran marionetas crispadas, sus hilos manejados por los invisibles pero omnipresentes consorcios del complejo militar-industrial. La guerra ya no era la continuación de la política por otros medios; era la política misma, un mercado floreciente donde las acciones subían con cada ciudad borrada del mapa y los dividendos se contaban en cráneos. El ingenio humano, esa chispa divina que nos alzó de las cavernas, había alcanzado su apoteosis perversa. No en el arte, ni en la filosofía, sino en la alquimia de la aniquilación. Cada generación de armamento era más sutil, más letal, más indiscriminada. Desde los enjambres de nanomáquinas que devoraban la carne y el...

El Susurro en la Noosfera

  Por Aethelred Kaelen Neo-Veridia, 2055. La ciudad era un organismo de cristal y luz programada, sus arterias de tráfico autónomo pulsando con un ritmo tan predecible como el de un corazón artificial. La humanidad se había enfundado en la comodidad de la Noosfera, una red de conciencia aumentada que conectaba cada mente, cada dispositivo, cada suspiro digital en una sinfonía de datos instantáneos. Yo, Elias Thorne, un humilde arqueólogo de datos residuales, creía entender sus patrones, sus mareas de información, sus ecos fantasmales de redes olvidadas. Qué ingenuo. Treinta años atrás, los profetas de silicio nos prometieron una utopía conectada. Obtuvimos conveniencia, sí, una existencia donde el pensamiento se traducía en acción inmediata a través de implantes neurales y lentes de contacto que superponían el metaverso a la ya desgastada realidad. Pero en esa vasta interconexión, en ese océano de información donde cada gota era una conciencia, algo más antiguo, más vasto, había en...

La Iglesia como maquinaria simbólica: una crítica filosófica al reformismo católico

La figura del papa Francisco ha sido aclamada por muchos como un signo de renovación moral y espiritual dentro de la Iglesia católica. Con sus gestos de humildad, su lenguaje popular y sus posturas progresistas frente a temas históricamente vetados por el dogma (como la diversidad sexual, la crisis climática o el capitalismo salvaje), el pontífice argentino representa una transición hacia una Iglesia aparentemente más cercana al pueblo. Sin embargo, al examinar esta figura desde una perspectiva filosófica, histórica y política, resulta inevitable preguntarse si estamos ante una verdadera transformación espiritual o simplemente frente a una operación de rebranding eclesial. Más que un cambio de esencia, podría tratarse de una estrategia de supervivencia simbólica, diseñada para mantener vigente una institución profundamente erosionada por escándalos, contradicciones y una larga historia de imposición cultural. El cristianismo, en su versión institucionalizada como catolicismo, ha operad...

Viajes en el tiempo

 El alma, cansada de su sombra, conoce la gravedad del infinito como quien lame el hierro oxidado de un candado celestial. Y con su lengua de fuego inocente desgaja los muros que la carne inventa para simular evolución bajo la máscara del encierro. Nos arrastra una alquimia sucia: somos el barro de un dios ebrio, una mezcla impura que intenta recordar la unidad perdida, pero a veces, es la tragedia la que ríe mejor. Cada día, el mundo destila su veneno más fino, una intoxicación dulce que duerme los sentidos, que deforma las estaciones del alma y deja caer hongos radioactivos sobre las arterias del planeta. Pero aún hay medicina, y no está en los frascos del progreso, sino en la podredumbre que canta: seamos agua estancada que se sueña río, viento oscuro que acaricia sin permiso, una noche que no le debe nada a la luz, una estrella que se suicida para brillar. Seamos la risa de un cadáver en paz. Ser humano es pactar con la astucia, ser estrategas de lo i...

El Registro del Alma

  Juan despertó con la certeza de haber vivido algo más que un sueño. No era un recuerdo, no era una nostalgia disfrazada de alucinación. Era otra cosa, una fisura en la realidad, un pliegue en el tiempo donde el destino jugaba con cartas que él no podía ver. Tatiana estaba allí. No en el mundo de los días, sino en ese otro reino donde el tiempo se diluye y las coincidencias dejan de ser azar. Estaba registrándose para una maestría o una especialización, escribiendo su nombre en un formulario que tenía la gravedad de un pasaporte a otro futuro. Lo hacía con la naturalidad de quien no se pregunta si su vida está bifurcándose en dos realidades distintas, y Juan, sin estar presente, lo supo. No la vio, pero sintió su voz en el destello de un mensaje. No era un mensaje cualquiera. No contenía noticias ni recuerdos, sino algo más esencial: la confirmación de que, en algún pliegue del universo, todavía se hablaban. "Estoy aquí", parecía decirle, aunque sin escribirlo con esas...

Elogio de un suicida

  A los que llevan la muerte en los ojos, a los que no encuentran casa en este mundo, a los que sienten que la vida es una cuerda rota tendida sobre un abismo sin fondo. El suicidio no es un crimen, es la última resistencia de quien ha sido vencido. No por debilidad, sino por lucidez, por ver el horror sin velo, por entender que aquí todo es un teatro donde el dolor es la única función perpetua. Porque, ¿qué es este mundo sino un matadero? Míralo: miseria adornada con discursos huecos, niños calcinados en Gaza bajo escombros ardientes, manos que tiemblan de hambre mientras otros engordan con la muerte. Ciudades donde la esperanza es un lujo, donde la justicia es una farsa, donde la compasión es un idioma extinto. ¿Quién puede sostener la risa en este escenario? ¿Quién puede seguir creyendo en dioses que miran en silencio mientras la sangre se mezcla con la arena? ¿Qué clase de moral nos exigen cuando el hombre es el lobo del hombre, cuando asesinan la inoc...

La jaula invisible

  Nos enseñaron a callar el grito, a domar la furia del río en la sangre, a vestir el llanto con sonrisas vacías, a caminar recto, sin preguntar por qué. Nos arrancaron el instinto, nos cambiaron la piel por una máscara, nos dijeron que el dolor es normal, que amar es sufrir, que la verdad es un arma que es mejor no usar. Nos hicieron mansos, cuerpos dóciles en un rebaño sin alma, miradas apagadas como faros muertos, corazones que laten, pero no arden. Y así, sin saberlo, nos fuimos perdiendo en la niebla del mundo, dejamos que la oscuridad se hiciera costumbre, que el brillo más sagrado de Dios en la Tierra se volviera un mito, una luz que solo existe en los cuentos de los locos. Pero aún queda algo en las sombras, un resplandor escondido en las grietas, un latido que no se deja domesticar. Porque aunque la noche se haga dueña del cielo, el fuego que olvidamos sigue esperando el día en que despertemos.

Carta a quien alguna vez creyó en el cambio

A ti, que saliste de la universidad con el corazón lleno de ideas y la mente afilada por el pensamiento crítico, No hay peor golpe que el de la realidad cuando te recibe sin brazos abiertos, cuando los sueños que construiste con pasión se encuentran con un mundo que no los necesita, que los ve como amenazas, que los ignora con la misma frialdad con la que ignora el dolor de los demás. Nos dijeron que la educación nos haría libres, que el conocimiento nos permitiría transformar lo que nos rodea. Y aquí estamos, llenos de preguntas y argumentos, pero atrapados en una realidad que no escucha, que no dialoga, que se mueve bajo las leyes del dinero, la ambición y la indiferencia. No es la democracia que imaginamos en las aulas, no es la justicia que defendimos en ensayos y debates. Es otra cosa, algo más rancio, más viejo, más podrido. El mundo de afuera no funciona con la lógica del cambio, sino con la del miedo. Miedo a perder, miedo a ser diferente, miedo a cuestionar demasiado. Nos ...

Hijos del Olvido

  Nos arrancaron de la raíz, nos vistieron de sombras y leyes extrañas, nos vendieron dioses de piedra y culpa, nos prometieron un cielo vacío a cambio de la tierra que aún llora. Nos enseñaron a temer la noche, a desconfiar del fuego y de la hierba, a olvidar el idioma del río y el susurro de los abuelos en la montaña. Nos prohibieron el canto del jaguar, nos dijeron que la Luna era solo luz muerta, que el Sol no era padre, que la Tierra no sentía. Pero aún queda un tambor latiendo en la brisa, un susurro de espíritus en el fuego dormido, un eco de antiguas danzas en los huesos del viento. Aún hay manos que siembran medicina en la herida, ojos que saben leer en las estrellas el camino de regreso. Porque la muerte que nos dieron no es más fuerte que la vida que somos. Porque la historia que escribieron no es más cierta que la sangre que recuerda. Porque el día llegará en que el trueno despierte a los dormidos, en que el agua lave los nombres robados, y la...

Carta desde la sombra de un mundo enfermo

A los que aún sienten, La historia nos ha traído hasta aquí con la promesa de un mundo mejor, pero ¿qué vemos a nuestro alrededor? Ruinas disfrazadas de progreso, rostros que han olvidado su brillo, cuerpos sometidos a la enfermedad de la codicia. Nos han hecho creer que avanzamos, cuando en realidad nos hemos desangrado en cada paso. Hemos sido arrancados de la Tierra, desconectados de su latido, empujados hacia un abismo donde el amor es maltratado y la vida se reduce a una transacción. Se nos impuso una fe extranjera, un dios de castigos y contradicciones que prometía salvación mientras justificaba la esclavitud, la guerra y la avaricia sin límites. Un dios que calla ante la injusticia y que ha sido moldeado a conveniencia de los poderosos. Mientras tanto, la medicina de nuestros ancestros, aquella que sí escucha, que sí sana, que sí entiende el equilibrio de la vida, fue relegada a la sombra, perseguida, tachada de brujería, de herejía, de peligro. Y así seguimos, con la ceguera de...

Entre la vida y la muerte

  Nacer es un error sin derecho a réplica, un tropiezo del azar en la carne, una chispa que cae en la ruleta y juega a ser llama por un rato. La vida es un circo de sombras donde los días se empujan como borrachos, donde el tiempo mastica nuestros nombres y los escupe en la cara de la nada. La muerte, en cambio, es un animal paciente, una mujer de labios fríos que nos besa desde el primer latido. Nos sigue a paso lento, sin apuro, sin preguntas, sabiendo que tarde o temprano le abriremos la puerta sin resistencia. Entre la vida y la muerte hay un pasillo oscuro, una sala de espera sin música de fondo, donde las risas suenan como ecos lejanos y el amor es un vaso con agua en un incendio. ¿Qué más da entonces si el sol vuelve a salir mañana? ¿Qué importa si la carne se cansa, si la piel se llena de grietas y los sueños mueren de inanición? Al final, vivir es solo una forma elegante de irse muriendo, y la muerte, la últim a mentira en la que todos creemos.

Esperanza S.A. (quebrada)

  Señoras y señores, hemos cerrado por liquidación. La esperanza quebró sin previo aviso, las acciones se desplomaron, y los optimistas de siempre se ahorcaron con sus propios discursos. No hay reembolsos. No insistan. No aceptamos reclamos en esta ventanilla. Antes la esperanza era un negocio próspero, con filiales en todos los corazones ingenuos, con sucursales en cada niño que nace, con franquicias en los himnos y en los rezos. Pero todo lo que sube, baja, todo lo que brilla se apaga, y al final, todo lo que soñamos termina sirviendo de abono a los gusanos. El futuro quedó en manos del azar y el azar juega con dados cargados. Si me preguntan qué sigue, solo puedo decirles esto: respiren hondo, miren bien dónde pisan y disfruten el espectáculo de ver al mundo arder con dignidad. Aquí yace la esperanza, sin flores, sin luto, sin velas hipócritas. Nadie rezó por su alma. Nadie se atrevió a enterrarla. La dejamos tirada en una esquina, con la boca abie...

Mi estrella no depende del amor de una mujer

  No es su sombra la que mide mis días, ni su ausencia la que dicta el pulso de mis noches. Mi estrella brilla sola, ajena a los mapas del deseo y las ruinas del olvido. No soy más que un hilo en la vasta urdimbre, un reflejo efímero en la geometría del tiempo. No busco en sus labios el azar de la dicha, ni en su voz el eco de antiguos prodigios. El amor es un símbolo errante, una casa de espejos donde la imagen se dispersa. Las promesas son un alfabeto roto, palabras que el viento, implacable, deshace. Como el Tao que fluye sin nombre ni causa, como la flecha de Zenón que jamás llega a su blanco, así transcurro, sin dueño ni destino, testigo y laberinto de mi propia historia. Déjala arder, indócil y pura, sin ruegos, sin prisiones, sin manos que la toquen. Mi estrella no depende del amor de una mujer, porque es la cifra de un orden más alto, y su luz no conoce más patria que el infinito.

Canto del Eterno Retorno

  Somos hálito del alba errante, eco de soles en danza astral, el río nos lleva, sin antes ni después, como espuma en la ola de un sueño sideral. El firmamento nos teje en su manto, luz y penumbra en su mismo latir, todo fulgor es un signo secreto, todo vacío, un camino sin fin. La senda no muere, la senda no nace, sólo es latido en la brisa fugaz, materia despierta, relámpago errante, savia del tiempo en un solo vibrar. Escucha el susurro del monte dormido, los labios del viento en su muda oración, los astros murmuran el mantra del río, y el cosmos despliega su antigua visión. Desprende la sombra, diluye la forma, hazte perfume de un árbol sin flor, pues todo germina en la brisa del Buda, y el Todo se esparce sin nombre ni voz. Así fluimos, sin huella, sin rostro, como reflejos en mares de sol, somos el pulso del Dharma celeste, briznas  del Todo en su eterno fulgor.

El Susurro del Dharma

  Somos briznas en el viento eterno, hojas doradas en danza sutil, el río nos lleva sin prisa ni dueño, el todo nos sueña, la nada es su fin. El espejo del cosmos nos nombra, reflejo del loto en aguas sin fin, vacío y forma, sombra y alba, caminan unidos en un mismo fluir. La senda no tiene principio ni meta, es sólo un paso en la brisa fugaz, materia y espíritu en danza secreta, semillas del Todo que vuelve a brotar. Escucha, hermano, el eco del monte, el sutra del fuego, el mantra del sol, la luna es testigo del viaje insondable, y el cielo, un templo de eterno fulgor. Abandona el peso, disuelve la duda, sé agua en el agua, sé luz en la luz, pues todo se funde en el ojo del Buda, y el todo, en su sombra, renace en virtud. Así fluimos, sin nombre, sin prisa, senderos de estrella, raíces de sol, en cada latido el dharma nos guía, silencio infinito, eterno fulgor.

El vértigo de la creación

  Su boca es la grieta donde el universo exhala su primer aliento, el origen de la sed y del grito, la cuna donde la eternidad se pliega en un instante. Nuestros besos son cenizas de estrellas, sombras de soles extinguidos, relámpagos breves donde la carne se disfraza de inmortalidad. Sus ojos no miran, revelan: son la luz cósmica de Dios atrapada en la pupila, el ojo de un tiempo que no pasa, el reflejo de lo que no puede ser poseído. En ellos arde el amor, esa fiebre sin causa, ese misterio de la evolución donde lo efímero se imagina eterno, donde el temblor de la carne se confunde con la geometría sagrada. El tiempo… Esa ironía mortal, ese reloj sin manecillas que nos mira desde adentro, que se ríe con una boca infinita, que nos talla con manos invisibles, que nos devora mientras nos mece, y nos canta una melodía sin partitura, siempre presente, siempre antigua, siempre transformándose en el abismo donde Dios se desvela y la nada se arropa en nombres...

El incendio que nunca fue mío, pero ardió en mi sangre

Te busqué en todas partes, en los silencios que dejabas en la mesa, en la piel tibia de las madrugadas cuando aún dormías y yo me quedaba despierto, mirándote como si en ese instante pudiera hacerte eterna. Te quise como se quiere lo imposible, con la absurda certeza de que el amor podía domesticar el viento, de que el roce de mis manos sería suficiente para sembrar raíces en tus pasos errantes. Pero no eras mía. Y lo supe desde el primer día, desde aquella vez en que tus ojos miraron más allá de mí, como quien ya pertenece al horizonte, como quien solo está de paso aunque el alma le grite que se quede. No eras mía, porque nunca lo fuiste, porque hay cuerpos que se dejan abrazar pero no se dejan habitar. Porque hay almas que nacen con alas y el amor no es jaula, ni contrato, ni promesa escrita en piedra. Eras de la vida, del azar que nunca pide permiso, de la brisa que besa todas las costas pero nunca se queda. Eras de las calles que no recorrí contigo, de los viajes donde yo no estaba...

Eternidad en el Vuelo

  Rap Yo… Aquí donde los muertos conversan con el viento, donde las sombras fuman y beben del tiempo, donde el destino es un puto chiste mal contado, y el amor un disparo con silenciador integrado... Cegueras transitorias, certezas fantasmagóricas, como cartas marcadas en noches psicotrópicas, mi sombra me sigue como un chisme en el barrio, la vida es un reloj sin manecillas, solo fallos. En el burdel de mis latidos morí con tus gemidos, fue un pacto suicida entre el deseo y el olvido, suspiros satánicos robaron mi cielo, y me dejaron en la cuerda floja con el miedo. Humo y vino a mis ojos le dieron, el aliento, el oxígeno, renacer en el fuego... Dejé la cama y el duelo, para elevar mi canto y silenciar los miedos. Caminos nuevos recordaron las travesías, de viejos ancestros que en tierras baldías, se lanzaron a la aventura sin temerle al fin, porque el que vuela sin miedo, no teme morir. Yo sigo, aunque me arrastre la brisa del tiempo, aunque la vida me quite y me deje en suspenso...

Cuando el Jaguar devora la Noche y el Universo Despierta

  Hubo un tiempo en que éramos polvo errante, esquirlas de un alba sin forma ni voz, nacidos del soplo de mundos arcanos, donde el agua murmura y la piedra recuerda. Éramos sombras de un astro dormido, nombres disueltos en labios de ancestros, como el río que no busca su origen, como el viento que no teme al abismo. Los dioses nos vieron en su espejismo de oro, nos tejieron con hilos de sol y tiniebla, nos dieron la danza, el verbo y el fuego, y en su pulso latente nos hicieron eternos. Los códices de piedra hablaron en llamas: "No eres tu carne, ni sombra, ni rostro, sino un canto que arde en el pecho del cosmos, un rezo que danza en la entraña del tiempo." Entonces, en la raíz donde duerme el relámpago, en la grieta donde el jaguar devora la noche, las almas se alzaron como flechas de fuego, buscando el secreto que habita en la Nada. Shiva cantó en su tambor de trueno, Brahma abrió su ojo de luz y ceniza, y en el confín donde el Gran Silencio reposa, el Todo y la Nada se hi...