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Sinfonía en Gris y Negro

  Fue en una tarde de aquellas que parecen lánguidas agonías de seda, entre el olor a cera derretida y el terciopelo de los féretros, cuando aconteció la ironía de mi nacimiento; un despertar que tuvo la impertinencia de ocurrir allí, donde la vida se rinde, como una flor de lis brotando en el fango de un sepelio. Supe entonces —con esa lucidez que es la peor de las cegueras— que los demonios son seres de una sensibilidad exquisita: aman el desastre con la devoción de un esteta, y encuentran en la demolición de la esperanza una armonía más perfecta que la que habita en las rimas de los poetas mediocres. La noche no era un fenómeno del cielo, sino una prolongación de mi alma, una sombra que se negaba a sucumbir ante la luz vulgar. Y en ese silencio de alcoba vacía, comprendí la ironía eterna, ese fardo de seda y plomo que es saber lo que uno desearía ignorar para siempre: que la vida es un baile de máscaras donde los hilos los mueve una mano invisible y gélida. Es el dilema de la ri...

EL CHISTE DEL SILENCIO

 NACIÓ EL DÍA DEL ENTIERRO SUPE QUE LOS DEMONIOS TAMBIÉN AMAN Y QUE SON FELICES DESTRUYENDO LA ESPERANZA. LA NOCHE NO SUCUMBÍA ANTE LA AGONÍA RECORDANDO LA IRONÍA ETERNA DE LA VIDA QUE IMPLICA CONOCER LO MÁS OSCURO Y NO MORIR EN EL DILEMA DE LA RISA. ¿PARA QUÉ TANTA PALABRERÍA?  ¿QUÉ SENTIDO TIENE AMAR LA POESÍA Y DETESTAR LA FILOSOFÍA? APRENDÍ Y ENTENDÍ EL LENGUAJE OCULTO DEL TIEMPO ESE QUE VIVE PARA SIEMPRE  EN LOS BESOS Y LOS ABRAZOS DE LAS ALMAS FLORECIDAS. QUE REPITAN LAS HISTORIAS QUIENES ASÍ LO PREFIERAN Y ASUMAN SUS CONSECUENCIAS... EL SECRETO CUMPLIÓ SU MISIÓN  EN UNA DIMENSIÓN AÚN "DESCONOCIDA"...

¿Qué es la poesía?

  ¿Qué es la poesía sino una habitación sin paredes donde el alma se desdobla y conversa consigo misma? Es una pregunta que camina, un dios menor que duda, una claridad que tiembla antes de decir su nombre. A veces habla con voz ajena, como si fuéramos muchos habitándonos en uno solo; otras, calla y ese silencio es ya un himno. En medio del día o del sueño alguien dice, casi sin saberlo: La poesía es un instante Un sueño Un viaje Un camino Una canción Un verso Está en la esencia de todo No sólo en poemas No hay que esperar tanto para disfrutar de su presencia Depende de los ojos y del sentimiento Del poder al sentir y vivir... Y entonces entendemos que no vive únicamente en el libro, sino en la grieta de la tarde, en el pan partido, en la nostalgia sin causa. La poesía es habitar lo visible como si fuera sagrado, y lo invisible como si doliera. Es el recuerdo de algo que no ocurrió y, sin embargo, nos funda. Un relámpago interior que nos nombra mientras pasamos.

Elegía para un hombre que ardía

No moriste. Te desbordaste. Fuiste demasiada luz para un solo cuerpo, demasiada palabra para una sola época. Aún tiemblan los muros del barrio cuando tu nombre pasa como un viento antiguo cargando tizas, libros, cámaras, la respiración viva de los niños que aprendieron a reír cuando la esperanza bajó descalza a la calle. Traías la universidad como se trae el pan: envuelta en el pecho, caliente, necesaria, repartida sin pedir permiso a los altares del abandono. Donde otros veían ruinas tú veías umbrales. Donde había silencio sembrabas preguntas como cuchillos de agua abriendo la conciencia. Escribías —y el mundo se agrietaba— no para adornar la herida, sino para obligarla a hablar. Historia, filosofía, hambre, amor, todo ardía en tus frases como si la lengua fuera un animal insomne buscando verdad. Defendiste el sustento con el cuerpo expuesto, la galería como un corazón colectivo que no debía ser arrancado. Luchaste sin épica vacía: con la voz rota, con el abrazo firme, con la dignidad...

Jaulas invisibles

Amar fue beber un veneno dulce en copas bendecidas por la costumbre. Nadie vio las rejas, pero mis manos sangraban al tocarlas. El amor llegó como un hechizo antiguo, con su lengua de fuego y promesas, me llamó libertad y me nombró prisionera. Hay jaulas que no hacen ruido: se cierran con besos, se sellan con juramentos, se vigilan con miedo. Yo ardía— no de gozo, sino de exceso. La carne embrujada pedía cielo y la moral, con su látigo invisible, me enseñaba a bajar los ojos. ¡Qué agonía la del deseo cuando ama más de lo permitido! El erotismo era una oración blasfema que recé de rodillas y desnudez interior, mientras el mundo contaba mis pecados como cuentas de un rosario ajeno. Amar así fue salvaje: no por la carne, sino por la verdad. Porque quise sin pedir perdón, porque sentí sin domesticar el pulso, porque no supe fingir mansedumbre. La libertad del amor no está en huir del otro, sino en romper el cerco moral que llama pecado a lo que arde y virtud a lo que se marchita. Hoy rompo...

El Mercader de Sion

No hables del Éxodo, olvida las promesas talladas en papiros vencidos. Aquí se vende una patria empaquetada para turistas, un Mesías con contrato de franquicia que firma cheques sobre el mármol de una mezquita derruida. Dicen que es un designio divino, una profecía de acero y cemento. Pero yo solo veo a un dios con corbata que cotiza en bolsa con las llaves de las casas ajenas, mientras bendice los drones que siembran el pan amargo del despojo. Su espiritualidad es un arma. Su fe,un muro de seis metros. Cantan salmos mientras borran olivos, rezan el Shemá con una mano y con la otra firman las órdenes de demolición. ¡Qué sublime farsa la de los piadosos que cambian el Talmud por un manual de ocupación! Han convertido el lamento en marketing, el Holocausto en un escudo impune. Gritan"¡Nunca más!" para justificar el siempre, mientras venden camisetas con la estrella de David junto a la foto de un niño muerto en Gaza. Es la industria del victimismo convertida en verdugo. Yo te re...

El Instante Supremo

Bajo el giro insondable de esferas eternas,   los siglos tejen y destejen su luz en la sombra.   Yo, peregrino de polvo y enigma,   hallé un día el umbral  que ningún nombre nombra.   Algo quedó suspendido en el aire del tiempo,   como un eco de la primera sílaba del mundo.   Río en la lengua del abismo originario,   donde el caos y el verbo aún son uno.   Es la aventura prodigiosa:   rasgar el velo de lo aparente,   reducir el cosmos a un parpadeo,   y oír en el vacío la música de lo ausente.   Allí, donde la materia se desdobla   como un pétalo de eternidad,   habita el idioma que no se escribe:   la respuesta tallada en la oscuridad.   Sacrificio es escalar la cima invisible,   beber del silencio que quema y alumbra.   Solo los sabios que han mordido el relámpago   vuelven con el secreto que ...