El puente y la sombra
No hay caminos, solo huellas
que se desvanecen antes de ser memoria.
No hay regreso, porque nunca partimos,
y el destino es apenas un nombre
para aquello que nunca fuimos.
El puente me llama con su piedra antigua,
con su promesa de un más allá sin rostro.
Debajo, el río fluye sin pasado,
sin reflejos, sin testigos,
como si la realidad fuese solo
un error de la luz al tocar la materia.
Pienso en la ciudad,
en las calles que alguna vez fueron mías,
en los rostros que supe amar
y que ahora existen solo en la nostalgia
de una mente cansada de recordar.
Pienso en Isabela,
y en cómo su risa se perdió
entre las estaciones que no quise vivir.
¿Pero qué es el amor sino un puente roto,
un intento fallido de cruzar al otro lado
y descubrir que nada cambia,
que siempre somos los mismos extraños
en el mismo mundo ajeno?
Doy un paso.
El viento no pregunta,
la noche no espera.
Doy otro paso.
Y en el instante final,
antes de que la sombra me trague,
comprendo que jamás existí del todo,
que fui solo un sueño sin dueño,
una imagen nunca reflejada
en u
n río que no sabe de hombres ni destinos.
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