Cables Cruzados

 


Por senderos de sombra y ceniza avanzo,
donde el mundo ha cambiado su sangre por oro,
donde las almas no pesan más que un dígito,
y la luz no es más que un reflejo de la usura.

Aquí yace la hermandad,
sepultada bajo torres de vidrio y acero,
un cadáver aún tibio en la fosa del progreso.
Oh, ciudades de humo y mentira,
vuestra gloria es polvo en la balanza de los dioses,
vuestros templos, catedrales al vacío.

Las madres olvidan su canto por un salario,
los padres son espectros en madrugadas perpetuas,
los hijos vagan en laberintos de luz fría,
sin patria, sin historia,
sin labios que nombren la aurora.

La belleza, antaño diosa,
ha sido ultrajada en los mercados,
su carne dividida en números y códigos,
sus ojos arrancados por el hambre de los necios.
Oh, ruinas eléctricas,
oh, mundo sin alma ni latido,
tu esplendor es la podredumbre,
tu riqueza es la llaga del hombre.

Mas en la grieta de la roca
una flor insomne desafía el abismo,
una ráfaga de viento aún pronuncia
el nombre olvidado de los ríos.
La tierra no ha muerto del todo.

Y cuando el último de estos cables se quiebre,
cuando la última máquina cese su llanto seco,
cuando el hierro ya no sea rey de los hombres,
entonces el sol,
oh, el sol,
despertará sobre las ruinas,
y con él,
volverá el fuego
a los corazones que aún sepan arder.

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