Los engranajes del amanecer

  


Hoy es un día que estuvo en el sueño

de un dios fatigado que ignora su edad,

un día cualquiera, un reflejo pequeño

en el vasto cristal de la eternidad.


El insomnio ha abierto la puerta del tiempo,

la sombra del mundo se pliega en su azar,

los astros repiten un viejo argumento,

la luz es un pacto que vuelve a empezar.


Somos la cifra de un fuego distante,

el rostro indecible que nadie miró,

la arena sin dueño, la estirpe errante

de un libro que nunca su autor escribió.


Los cielos observan con ojos antiguos

la misma odisea de ser y morir,

y el caos que acecha con sueños ambiguos

es solo otro rostro del mismo existir.


Nos ciega el ocaso y luego nos siembra,

la aurora nos prende con su claridad,

así se suceden, en vieja contienda,

las máscaras breves de la realidad.


Hoy es un día que fue en otro siglo,

un día perdido en un círculo más,

somos los dados que lanzan los dioses,

somos el vino que ansía el jamás.

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