El Mercader de Sion
No hables del Éxodo,
olvida las promesas talladas en papiros vencidos.
Aquí se vende una patria empaquetada para turistas,
que firma cheques sobre el mármol de una mezquita derruida.
Dicen que es un designio divino,
una profecía de acero y cemento.
Pero yo solo veo a un dios con corbata
que cotiza en bolsa con las llaves de las casas ajenas,
mientras bendice los drones que siembran
el pan amargo del despojo.
Su espiritualidad es un arma.
Su fe,un muro de seis metros.
Cantan salmos mientras borran olivos,
rezan el Shemá con una mano
y con la otra firman las órdenes de demolición.
¡Qué sublime farsa la de los piadosos
que cambian el Talmud por un manual de ocupación!
Han convertido el lamento en marketing,
el Holocausto en un escudo impune.
Gritan"¡Nunca más!" para justificar el siempre,
mientras venden camisetas con la estrella de David
junto a la foto de un niño muerto en Gaza.
Es la industria del victimismo convertida en verdugo.
Yo te rechazo, te denuncio, farsante.
Tu paraíso es un bantustán alambrado,
tu reino,un campo de refugiados.
Eres el vendedor ambulante de sueños podridos,
el charlatán que trueca la Torah por tanques
y convierte a los fieles en cómplices de la masacre.
Tu victoria final será un silencio incómodo,
cuando hasta las piedras de Jerusalén pregunten:
¿Dónde estaba tu Dios cuando tú matabas en su nombre?
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