El Instante Supremo
Bajo el giro insondable de esferas eternas, los siglos tejen y destejen su luz en la sombra. Yo, peregrino de polvo y enigma, hallé un día el umbral que ningún nombre nombra. Algo quedó suspendido en el aire del tiempo, como un eco de la primera sílaba del mundo. Río en la lengua del abismo originario, donde el caos y el verbo aún son uno. Es la aventura prodigiosa: rasgar el velo de lo aparente, reducir el cosmos a un parpadeo, y oír en el vacío la música de lo ausente. Allí, donde la materia se desdobla como un pétalo de eternidad, habita el idioma que no se escribe: la respuesta tallada en la oscuridad. Sacrificio es escalar la cima invisible, beber del silencio que quema y alumbra. Solo los sabios que han mordido el relámpago vuelven con el secreto que ...