Elogio de un suicida

 


A los que llevan la muerte en los ojos,
a los que no encuentran casa en este mundo,
a los que sienten que la vida es una cuerda rota
tendida sobre un abismo sin fondo.

El suicidio no es un crimen,
es la última resistencia de quien ha sido vencido.
No por debilidad, sino por lucidez,
por ver el horror sin velo,
por entender que aquí todo es un teatro
donde el dolor es la única función perpetua.

Porque, ¿qué es este mundo sino un matadero?
Míralo:
miseria adornada con discursos huecos,
niños calcinados en Gaza bajo escombros ardientes,
manos que tiemblan de hambre
mientras otros engordan con la muerte.
Ciudades donde la esperanza es un lujo,
donde la justicia es una farsa,
donde la compasión es un idioma extinto.

¿Quién puede sostener la risa en este escenario?
¿Quién puede seguir creyendo en dioses
que miran en silencio
mientras la sangre se mezcla con la arena?
¿Qué clase de moral nos exigen
cuando el hombre es el lobo del hombre,
cuando asesinan la inocencia
y la llaman "efecto colateral"?

Nos enseñaron que la vida es sagrada,
pero la han violado hasta dejarla irreconocible.
Nos prometieron que el amor salvaría al mundo,
pero el mundo lo ha convertido en moneda de cambio.
Nos hablaron de la belleza,
pero han reducido el arte a mercancía,
la poesía a un eslogan,
el espíritu a un algoritmo.

La miseria humana no está solo en la pobreza,
sino en la podredumbre de los poderosos,
en la ignorancia que aplaude la opresión,
en las guerras que se venden como justicia,
en la risa cruel del que pisa al débil.

Los que se van no son cobardes.
Son aquellos que han visto el horror
demasiado de cerca.
Los que han sentido en su piel
que el amor, cuando es real,
es destruido.
Que la pureza es ahogada,
que la bondad es ridiculizada,
que la verdad es un crimen
y la mentira, una bandera.

Y si decides quedarte,
no te atrevas a juzgarlos.
No te atrevas a llamarlos débiles.
Porque ellos no huyeron,
ellos simplemente entendieron
lo que tú todavía te niegas a ver.

Y si alguna vez sientes el abismo llamarte,
recuerda:
este mundo nunca ha sido justo.
Y aquí, nadie es más inocente que los niños.

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