Canto del Eterno Retorno
Somos hálito del alba errante,
eco de soles en danza astral,
el río nos lleva, sin antes ni después,
como espuma en la ola de un sueño sideral.
El firmamento nos teje en su manto,
luz y penumbra en su mismo latir,
todo fulgor es un signo secreto,
todo vacío, un camino sin fin.
La senda no muere, la senda no nace,
sólo es latido en la brisa fugaz,
materia despierta, relámpago errante,
savia del tiempo en un solo vibrar.
Escucha el susurro del monte dormido,
los labios del viento en su muda oración,
los astros murmuran el mantra del río,
y el cosmos despliega su antigua visión.
Desprende la sombra, diluye la forma,
hazte perfume de un árbol sin flor,
pues todo germina en la brisa del Buda,
y el Todo se esparce sin nombre ni voz.
Así fluimos, sin huella, sin rostro,
como reflejos en mares de sol,
somos el pulso del Dharma celeste,
briznas
del Todo en su eterno fulgor.
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