Esperanza S.A. (quebrada)

 


Señoras y señores,
hemos cerrado por liquidación.
La esperanza quebró sin previo aviso,
las acciones se desplomaron,
y los optimistas de siempre
se ahorcaron con sus propios discursos.

No hay reembolsos.
No insistan.
No aceptamos reclamos en esta ventanilla.

Antes la esperanza era un negocio próspero,
con filiales en todos los corazones ingenuos,
con sucursales en cada niño que nace,
con franquicias en los himnos y en los rezos.
Pero todo lo que sube, baja,
todo lo que brilla se apaga,
y al final, todo lo que soñamos
termina sirviendo de abono a los gusanos.

El futuro quedó en manos del azar
y el azar juega con dados cargados.
Si me preguntan qué sigue,
solo puedo decirles esto:
respiren hondo,
miren bien dónde pisan
y disfruten el espectáculo
de ver al mundo arder con dignidad.

Aquí yace la esperanza,
sin flores, sin luto, sin velas hipócritas.
Nadie rezó por su alma.
Nadie se atrevió a enterrarla.
La dejamos tirada en una esquina,
con la boca abierta como un mendigo muerto.
Si aún la buscas,
revuelve entre la basura,
rómpete las uñas,
hunde la cara en el lodo de los días que vendrán.
Tal vez la encuentres.
Tal vez aún esté tibia.
Tal vez puedas venderla a buen precio
en el mercado negro de las ilusiones vencidas.

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