El Susurro del Dharma

 


Somos briznas en el viento eterno,
hojas doradas en danza sutil,
el río nos lleva sin prisa ni dueño,
el todo nos sueña, la nada es su fin.

El espejo del cosmos nos nombra,
reflejo del loto en aguas sin fin,
vacío y forma, sombra y alba,
caminan unidos en un mismo fluir.

La senda no tiene principio ni meta,
es sólo un paso en la brisa fugaz,
materia y espíritu en danza secreta,
semillas del Todo que vuelve a brotar.

Escucha, hermano, el eco del monte,
el sutra del fuego, el mantra del sol,
la luna es testigo del viaje insondable,
y el cielo, un templo de eterno fulgor.

Abandona el peso, disuelve la duda,
sé agua en el agua, sé luz en la luz,
pues todo se funde en el ojo del Buda,
y el todo, en su sombra, renace en virtud.

Así fluimos, sin nombre, sin prisa,
senderos de estrella, raíces de sol,
en cada latido el dharma nos guía,
silencio infinito, eterno fulgor.

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