Hijos del Olvido
Nos arrancaron de la raíz,
nos vistieron de sombras y leyes extrañas,
nos vendieron dioses de piedra y culpa,
nos prometieron un cielo vacío
a cambio de la tierra que aún llora.
Nos enseñaron a temer la noche,
a desconfiar del fuego y de la hierba,
a olvidar el idioma del río
y el susurro de los abuelos en la montaña.
Nos prohibieron el canto del jaguar,
nos dijeron que la Luna era solo luz muerta,
que el Sol no era padre,
que la Tierra no sentía.
Pero aún queda un tambor latiendo en la brisa,
un susurro de espíritus en el fuego dormido,
un eco de antiguas danzas en los huesos del viento.
Aún hay manos que siembran medicina en la herida,
ojos que saben leer en las estrellas
el camino de regreso.
Porque la muerte que nos dieron
no es más fuerte que la vida que somos.
Porque la historia que escribieron
no es más cierta que la sangre que recuerda.
Porque el día llegará
en que el trueno despierte a los dormidos,
en que el agua lave los nombres robados,
y la Tierra,
al fin,
nos reconozca.
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