Proust y el espíritu cómico
Después de realizar
un primer acercamiento a la “recherché”
y de imaginar las múltiples interpretaciones estéticas, poéticas, filosóficas,
simbólicas que la obra supone, he querido realizar un pequeño análisis que
procure hablar del “espíritu cómico” presente en la novela, resaltando algunas
de sus manifestaciones, sus estilos y formas vivas en la melodía proustinana,
cargadas de pasiones humanas situadas en el
universo fenomenológico del poeta, el loco y el artista.
El fragmento que decidí
abordar de todo el texto es el segundo tomo, “A la sombra de las muchachas en
flor” y el cuarto “Sodoma y Gomorra”, al considerarlos de inmenso valor en el
dialogo entre “realidad- imagen” que establece el autor, el poder impresionista
de Proust desdibuja las fronteras de la imaginación, ya que en su búsqueda de
la verdad describe el infinito de sensaciones que componen el tiempo y la vida,
claramente desde su contexto histórico y sensible.
Todo tiene su esencia
en la mezcla constitutiva con la que se cuestiona la realidad y la misma
existencia, la obra en sí misma es una crítica a la inteligencia y a la razón
misma, Proust aborda con tal maestría algunos temas específicos de la
naturaleza que propone generar nuevos elementos en el lector consiguiendo
encontrar aprendizajes desde la ironía, la sátira y la profunda sensibilidad
con la que observa, piensa, siente, sueña.
“El
talento para la parodia es su arma secreta – arma que puede que se le otorgue
al niño judío antes de que deje la cuna-; la inspiración es una de las
prerrogativas que poseen la mayoría de los judíos. El mismo Proust la vió
magistralmente, él o sus personajes con frecuencia la llevan hasta el
sacrilegio. Aunque era consciente de su propia fuerza, había ocasiones en que
se dejaba arrastrar, abandonaba toda pretensión de verosimilitud y se lanzaba
con loco entusiasmo” “Pero el aire de locura tendía a ser un tanto engañoso.
Nos habla de la visión de Dostoievski de la humanidad, que es mas fantástica
que la ronda de noche de rembrandt, esos bufones, ¡ qué vivamente ilustran los
aspectos importantes del espíritu humano.”
La prosa en
Proust tiene una estrategia difícil de determinar,
“pues aquel hombre tan entusiasta de la virilidad, aquel hombre al que todo el
mundo le parecía odiosamente afeminado, me hacía pensar de pronto en una mujer:
hasta tal punto tenía pasajeramente los rasgos, la expresión, la sonrisa de una
mujer”,
El tiempo
perdido no está afuera sino adentro de nosotros mismos y contiene oculto, tanto
“nuestro yo verdadero como a la verdadera
obra de arte, ambos son idénticos e imprescindibles”, solo amamos aquello
que no poseemos, y solo a través de la risa es que podemos sopesar la infame
tragedia de nuestra condición e ignorancia, ya nos decía Walter benjamín en
Iluminaciones.
-
“Proust deshace
el tramaje, los ornamentos del olvido” refiriéndose a la existencia vivida
presente en la novela, en su forma de caminar por los hilos del tiempo.
-
“el lado subversivo
de la obra proustiana se revela en este contexto con más claridad que nunca. Su
sustancia no es el humor, sino la comicidad. No levanta el mundo entre risas,
sino que lo hunde entre risas. Y ello corriendo el peligro de que se haga
pedazos, ante los cuales él mismo rompe a llorar.”, vemos esto
claramente en la voluntad frente a esa impecable observación sensitiva,
surrealista, visionaria, critica y extremadamente analítica que hace Proust de
los elementos más sencillos, comunes, cotidianos de la cultura y el sueño
humano.
En busca del
tiempo perdido como hemos visto tiene muchísimas riquezas para la cultura tanto
a nivel subjetivo como objetivo, sus introspecciones psicológicas son paralelas
a las de Freud, pese a su distancia en tiempo y espacio, la afirmación estética
de Proust no pretende ser de carácter vanguardista, aunque en esencia termina
siéndolo.
En la obra
claramente podemos visibilizar los movimientos de la memoria, la caída de la
voluntad, el movimiento de la razón por muchos motivos y espejismos reales y
poéticos, Proust cuestiona la realidad ontológica de las cosas, el propósito
filosófico de la obra es conocer sobre el tiempo, encontrando estados de
alumbramiento excepcionales, conocimiento de las vivencias de un sujeto
desgarrado internamente, la eficacia del dolor en el proceso de creación son
algunas de las fuentes, para el autor existen diferentes seres en un mismo ser.
Proust no cree en la esencia o sustancia del hombre, pero sí en la del artista.
Los olores
ocupan un papel importante en la naturaleza de lágrimas y risas en Marcel, ya
que es en medio de estos que ocurren grandes descubrimientos que transgreden
las dimensiones del tiempo, llevando al sujeto a estados de exaltación cercanos
a la felicidad o a la demencia, ya nos dice Levi:…“La facultad humana de hacerse
un hueco, de segregar una corteza, de levantar en torno una frágil barrera
defensiva en el mismo corazón de las tinieblas, es del todo asombrosa. Tras
algunas semanas de trabajo, llegas a hacerte un nido, una cobija, ganas un
equilibrio, y el trauma queda atrás”…
Proust primero
es empirista, sensualista y al final es idealista, para él el amor es “una
enfermedad incurable”, el amor es una
serie de fantasmas proyectados por el otro, volviéndolos reales, fallidos,
desenmascarando la verdad de las apariencias que constituyen la realidad
humana, en Proust no es posible la felicidad a través del amor, primero está la
muerte, “a nivel de lo hondo y espiritual nadie posee a nadie”, la verdad es
como se conoce a sí mismo un artista.
Proust dice en
fenomenología del amor: “la engaña, no la valora, la desprecia, busca
satisfacción en otra persona”, lo que permite activar la inteligencia a través
del dolor, dota los objetos con alma, creando teorías del ser y las cosas
completamente criticas del materialismo, casi animista, con su propio estilo,
prodigioso, profundo, sensible con el universo mismo, un escéptico de la
realidad en su mísera existencia.
Estudiar a
Proust debe servir en la transformación de las formas en cómo concebimos la
vida, los sueños, la realidad, el arte y en general la misma filosofía que
buscamos cada día, al leerlo podemos sentir una “afectación psicoemocional” en
nuestra propia espiritualidad, ya que algunos fragmentos tienen tal impacto que
transgreden nuestras fronteras invisibles de lo emocional con lo racional, el
arte para Proust es la expresión humana de un sujeto cuyo talento es capturar
las esencias y volverlas objetos de percepción.
La imaginación
es la facultad más científica de todas, el artista más potente es el que es
capaz de re-crear la realidad, transfigurando sus sentidos de verdad, revelando
los misterios más profundos de la energía, “la verdadera vida es la
literatura”, en Proust el inconsciente es supra-racional, está por encima de la
razón y la sensibilidad de la misma inteligencia, hay todo un conjuro de
intelección espiritual entre razón, sensibilidad, emoción.
“cuando Proust escribe sobre el sexo, y lo
hace con frecuencia, juega un juego peligroso en la frontera de territorios
entre lo muy concreto y lo muy general. El deseo sexual en a la recherche du
temps perdu está muy bien localizado, pero también es el abismo en el que todas
las demás formas de deseo amenazan con hundirse. Durante el ensueño nocturno
con el que se abre la novela, el narrador encuentra en una rápida secuencia
asociativa muchos de los objetos y actividades deseables sobre los que se
aplica posteriormente su atención: el viaje, la lectura, el progreso social,
los recuerdos personales e históricos, el campo y la vida artística. Abre una
caja de pandora favorable, y saca de ella una multitud de deseos distintos.
Pero para este pasaje, que es tremendamente optimista en muchos aspectos,
también contiene su propia historia de la caída vuelta a contar”
-
“A
veces, así como Eva nació de una costilla de Adán, una mujer nacía, mientras yo
estaba durmiendo, de una mala postura de mi cadera. Y siendo criatura de placer
que yo estaba a punto de disfrutar, se me figuraba que era ella la que me lo
ofrecía. Mi cuerpo sentía el calor, iba a buscarlo y yo me despertaba. Todo el
resto de los mortales se me aparecía como cosa muy borrosa junto a esta mujer,
de la que me separara hacía un instante: aún conservaba en mi mejilla el calor
de su beso y me sentía dolorido por el peso de su cuerpo. Si, como sucedía
algunas veces, se me representaba con el semblante de una mujer que yo había
conocido en la vida real, yo iba a entregarme con todo mi ser a este único fin:
encontrarla; lo mismo que esas personas que salen de viaje para ver con sus
propios ojos una ciudad deseada, imaginándose que en una cosa real se puede
saborear el encanto de lo soñado” (I, 13)
El argumento con
el que el narrador se pierde justifica el tema de la sexualidad, ya que nos
representa en la relación de lo erótico y lo salvaje del sufrimiento por la
ausencia que esta realidad representa en términos de plenitud en cuanto al
placer y la agonía que significa conocer la libertad, Albertine es el ejemplo
más claro de esta escena, el romance que vive con Marcel es delicioso,
aterrador, absurdo, hermoso, doloroso, se experimentan todas las sensaciones
posibles e imposibles de la conciencia, del alma.
“El narrador de
Proust distingue claramente entre el valor de uso y el valor de cambio de los
bienes de consumo artístico, y da un giro personal a las enseñanzas de la
economía política clásica. El arte tiene valor de uso en tanto proporciona
placer, seguridad intelectual o una sensación general de bienestar emocional al
que lo consume o a su propietario, y valor de cambio cuando sus productos
característicos se mueven en el inconstante mundo de la opinión. Las obras
individuales se valoran mucho porque son capaces de responder a deseos humanos
y producir sensaciones agradables, pero cualquiera de los momentos durante los
que se usan con ese tipo de finalidades
está asediado por obstinadas cuestiones de posición y prestigio social”
-
“El
ser que había renacido en mí (…) languidecía en la observación del presente
donde los sentidos no pueden aportarle (la esencia de las cosas), en la
consideración de un pasado que la inteligencia desecha, en la espera de un
porvenir que la voluntad construye con fragmentos del presente y del pasado a
los cuales retira de su realidad no conservando más de ellos más que lo que
conviene al fin utilitario, estrechamente humano, que les asigna. Pero cuando
un ruido, un olor, ya oído y respirado antes, le resultan nuevos, a la vez en
el presente y en el pasado, reales sin ser actuales, ideales sin ser abstractos,
al instante la esencia permanente y habitualmente escondida de las cosas se
encuentra liberada, y nuestro auténtico yo que, a veces después de mucho
tiempo, parecía muerto, pero no lo estaba del todo, se despierta, se anima al
recibir el alimento celestial que se le aporta”. (VII,228 :el tiempo recobrado)
En su literatura
(Proust) se distingue el humor fino, susbsite en el eco de sus palabras una
inteligencia superior, capaz de traducir los secretos validos en el
entendimiento de la locura misma, en las transformaciones del espíritu humano a
lo largo de la historia, la racionalización del conocimiento trasciende la
conciencia, elevando las concepciones que se tienen a nivel onírico del sol, la
luna, las estrellas y los abismos celestes que paren centauros en soledad.
“Con
todo, aunque incomprendido de su propio medio, Proust no pretende que el pueblo
es el depositario de todas las virtudes morales, como lo hacen nuestros
escritores contemporáneos progresistas; ni considera a la burguesía capitalista
como la última palabra en civilización
moderna. Recalca la malevolencia de la sirvienta Francoise, la rapacidad del
chalequero Jupien, la absurdidad y estupidez de los Verdurin, los Cottard y
Brichot. Pero para la aristocracia reserva su más dura condena. ¿Quiso
rivalizar con la Bruyére, a quién admiraba—uno recuerda la severidad de sus
juicios acerca de la corte y de los grandes--, y con pascal, a quién procuró
seguir? Cuando Proust renunció al beau monde, también se constituyó en su juez
despiadado. Elevó el tono, y ahora, cual padre de la iglesia—una Iglesia en la
que la obra de arte ha remplazado al cuerpo de cristo--, se pone a tronar
contra—el reinado de la Nada--.”
Con
la anterior cita vemos que más allá de su posición social, Proust fue un adicto
a la verdad y al arte en sí mismo, capaz de alzar su mensaje más allá de lo
banal que implica vender una sola imagen, cultivar un devenir, obviamente con
mucha inteligencia y capacidad logro involucrarse en contextos de gran índole
para su época, lográndose mezclar con personajes muy importantes y con poder,
pero siempre con su toque intelectual y su forma de abordar los temas, su humor
superó limites ideológicos.
“Tratándose de jóvenes
del gran mundo, como dicen, yo no deseo ninguna posesión física, pero no me
quedo tranquilo hasta que los he tocado, no quiero decir materialmente, sino
tocado su cuerda sensible.” “una vez que un joven, en vez de no contestar a mis
cartas, no para de escribirme, que está a mi disposición moral, me quedo
satisfecho, o más bien me quedaría satisfecho, si no me agarrara en seguida la
preocupación por otro.” (Monsieur de Charlus- Jupien IV tomo, pág. 20)
“Lo que la vida y la
sociedad nos exigen a cada uno de nosotros es una atención siempre alerta que
distinga los contornos de la situación presente, así como una cierta
elasticidad del cuerpo y de la mente que nos permita adaptarnos de la misma”
Vemos como juega el
autor con la sensualidad y la inteligencia, flotando en ambientes aparentemente
“amorales” según el sentido religioso cristiano que no acepta el deseo entre
dos seres del mismo sexo, considerándolo un pecado mortal y violento contra la
voluntad de Dios, un campo que une la risa con las demás corrientes del
pensamiento humano, conectado emociones, sentimientos y demás elementos
significativos de la cultura, el individuo, la sociedad, prolongando uniones y
distanciamientos con las formas de pensamiento y las abstracciones de la
imaginación.
La Obra sin duda no
desea contarlo todo al lector, recordemos que para Eco todo texto es “una
maquina perezosa que le pide al lector que haga parte de su trabajo”; y si nos
remitimos a las categorías de lector modelo que establece Eco, en donde el
concibe el lector modelo como “aquel lector capaz de desentrañar lo “no dicho”
en el texto, es decir lo que no queda manifiesto en la superficie sino que está
oculto, precisamente a la espera de ese lector modelo”
Es el lector modelo el
único capaz de descubrir al autor modelo presente en la obra, entiéndase autor
modelo como: “la estrategia narrativa de cualquier texto que cumple la función
de confundir al lector empírico que se dispone a leer cualquier texto y es aquí
donde debe aparecer el lector modelo que es quién descubre el engaño al que
está o va a ser sometido”
-
“No
veía a mis amigas; pero (mientras que llegaban hasta mi mirador lo gritos de
los vencedores de periódicos, los periodistas, como decía francisca, las voces
de los bañistas y de los niños, que puntuaban como piar de pájaros marinos, el
ruido de las olas, que se rompían suavemente) adivinaba su presencia y oía su
risa, envuelta, como la de las Nereidas, en el dulce son de las ondas en la
arena, que subía hasta mis oídos. –Hemos mirado- me decía Albertina por la
tarde, a ver si bajaba usted. Pero las maderas del Balcón estaban cerradas
hasta la hora del concierto. Qué, en efecto, estallaba a las diez al pie de mi cuarto. Entre los intervalos de
los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y
ligado, el resbalar de una ola que envolvía los trazos del violín en sus
volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos
intermitentes de una música submarina.
Bibliografía
Bergon, H. (2011). La risa: Ensayo sobre el significado
de la comicidad. 18.
Bowie, M. (2000).
Proust entre las estrellas. 104-105.
Eco, U. (1987). Lector
in fabula. 74-95.
Levi, P. (1987). Si
esto es un hombre.
Proust, M. (1922).
Sodoma y Gomorra, en busca del tiempo perdido. (p. salinas, Ed.) 20.
Proust, M. (1995). A la
sombra de las muchachas en flor. 595-596.
Schneider, M. (1971).
En torno a marcel Proust. 55.

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