Proust y el espíritu cómico

 






Después de realizar un  primer acercamiento a la “recherché” y de imaginar las múltiples interpretaciones estéticas, poéticas, filosóficas, simbólicas que la obra supone, he querido realizar un pequeño análisis que procure hablar del “espíritu cómico” presente en la novela, resaltando algunas de sus manifestaciones, sus estilos y formas vivas en la melodía proustinana, cargadas de pasiones humanas situadas en el  universo fenomenológico del poeta, el loco y el artista.

El fragmento que decidí abordar de todo el texto es el segundo tomo, “A la sombra de las muchachas en flor” y el cuarto “Sodoma y Gomorra”, al considerarlos de inmenso valor en el dialogo entre “realidad- imagen” que establece el autor, el poder impresionista de Proust desdibuja las fronteras de la imaginación, ya que en su búsqueda de la verdad describe el infinito de sensaciones que componen el tiempo y la vida, claramente desde su contexto histórico y sensible.

Todo tiene su esencia en la mezcla constitutiva con la que se cuestiona la realidad y la misma existencia, la obra en sí misma es una crítica a la inteligencia y a la razón misma, Proust aborda con tal maestría algunos temas específicos de la naturaleza que propone generar nuevos elementos en el lector consiguiendo encontrar aprendizajes desde la ironía, la sátira y la profunda sensibilidad con la que observa, piensa, siente, sueña.

“El talento para la parodia es su arma secreta – arma que puede que se le otorgue al niño judío antes de que deje la cuna-; la inspiración es una de las prerrogativas que poseen la mayoría de los judíos. El mismo Proust la vió magistralmente, él o sus personajes con frecuencia la llevan hasta el sacrilegio. Aunque era consciente de su propia fuerza, había ocasiones en que se dejaba arrastrar, abandonaba toda pretensión de verosimilitud y se lanzaba con loco entusiasmo” “Pero el aire de locura tendía a ser un tanto engañoso. Nos habla de la visión de Dostoievski de la humanidad, que es mas fantástica que la ronda de noche de rembrandt, esos bufones, ¡ qué vivamente ilustran los aspectos importantes del espíritu humano.” (Schneider, 1971)

La prosa en Proust tiene una estrategia difícil de determinar, “pues aquel hombre tan entusiasta de la virilidad, aquel hombre al que todo el mundo le parecía odiosamente afeminado, me hacía pensar de pronto en una mujer: hasta tal punto tenía pasajeramente los rasgos, la expresión, la sonrisa de una mujer”, (Proust, 1922) esta fue la descripción que el narrador nos hace de Monsieur de charlus, revelando el carácter invertido que hace el tiempo, la vida, el arte, la locura con la esencia humana, hasta el punto de la contradicción, la inverosimilitud que tiene nuestro instinto con el devenir de la historia, del destino, lo que un teórico como Jung significaría como la facultad asociada de lo femenino, el también llamado “dominante femenino” que atraviesa la melodía estética del arte.

 

El tiempo perdido no está afuera sino adentro de nosotros mismos y contiene oculto, tanto “nuestro yo verdadero como a la verdadera obra de arte, ambos son idénticos e imprescindibles”, solo amamos aquello que no poseemos, y solo a través de la risa es que podemos sopesar la infame tragedia de nuestra condición e ignorancia, ya nos decía Walter benjamín en Iluminaciones.

-          “Proust deshace el tramaje, los ornamentos del olvido” refiriéndose a la existencia vivida presente en la novela, en su forma de caminar por los hilos del tiempo.

-          “el lado subversivo de la obra proustiana se revela en este contexto con más claridad que nunca. Su sustancia no es el humor, sino la comicidad. No levanta el mundo entre risas, sino que lo hunde entre risas. Y ello corriendo el peligro de que se haga pedazos, ante los cuales él mismo rompe a llorar.”, vemos esto claramente en la voluntad frente a esa impecable observación sensitiva, surrealista, visionaria, critica y extremadamente analítica que hace Proust de los elementos más sencillos, comunes, cotidianos de la cultura y el sueño humano.

En busca del tiempo perdido como hemos visto tiene muchísimas riquezas para la cultura tanto a nivel subjetivo como objetivo, sus introspecciones psicológicas son paralelas a las de Freud, pese a su distancia en tiempo y espacio, la afirmación estética de Proust no pretende ser de carácter vanguardista, aunque en esencia termina siéndolo.

En la obra claramente podemos visibilizar los movimientos de la memoria, la caída de la voluntad, el movimiento de la razón por muchos motivos y espejismos reales y poéticos, Proust cuestiona la realidad ontológica de las cosas, el propósito filosófico de la obra es conocer sobre el tiempo, encontrando estados de alumbramiento excepcionales, conocimiento de las vivencias de un sujeto desgarrado internamente, la eficacia del dolor en el proceso de creación son algunas de las fuentes, para el autor existen diferentes seres en un mismo ser. Proust no cree en la esencia o sustancia del hombre, pero sí en la del artista.

Los olores ocupan un papel importante en la naturaleza de lágrimas y risas en Marcel, ya que es en medio de estos que ocurren grandes descubrimientos que transgreden las dimensiones del tiempo, llevando al sujeto a estados de exaltación cercanos a la felicidad o a la demencia, ya nos dice Levi:…“La facultad humana de hacerse un hueco, de segregar una corteza, de levantar en torno una frágil barrera defensiva en el mismo corazón de las tinieblas, es del todo asombrosa. Tras algunas semanas de trabajo, llegas a hacerte un nido, una cobija, ganas un equilibrio, y el trauma queda atrás (Levi, 1987) testimonio frente a la adversidad, viva en la balanza multicultural de la historia que Proust nos narra desde muchos personajes y hechos, acciones, cada uno con su ambiente, alegría y nostalgia.

Proust primero es empirista, sensualista y al final es idealista, para él el amor es “una enfermedad incurable”, el amor es  una serie de fantasmas proyectados por el otro, volviéndolos reales, fallidos, desenmascarando la verdad de las apariencias que constituyen la realidad humana, en Proust no es posible la felicidad a través del amor, primero está la muerte, “a nivel de lo hondo y espiritual nadie posee a nadie”, la verdad es como se conoce a sí mismo un artista.

 

Proust dice en fenomenología del amor: “la engaña, no la valora, la desprecia, busca satisfacción en otra persona”, lo que permite activar la inteligencia a través del dolor, dota los objetos con alma, creando teorías del ser y las cosas completamente criticas del materialismo, casi animista, con su propio estilo, prodigioso, profundo, sensible con el universo mismo, un escéptico de la realidad en su mísera existencia.

Estudiar a Proust debe servir en la transformación de las formas en cómo concebimos la vida, los sueños, la realidad, el arte y en general la misma filosofía que buscamos cada día, al leerlo podemos sentir una “afectación psicoemocional” en nuestra propia espiritualidad, ya que algunos fragmentos tienen tal impacto que transgreden nuestras fronteras invisibles de lo emocional con lo racional, el arte para Proust es la expresión humana de un sujeto cuyo talento es capturar las esencias y volverlas objetos de percepción.

La imaginación es la facultad más científica de todas, el artista más potente es el que es capaz de re-crear la realidad, transfigurando sus sentidos de verdad, revelando los misterios más profundos de la energía, “la verdadera vida es la literatura”, en Proust el inconsciente es supra-racional, está por encima de la razón y la sensibilidad de la misma inteligencia, hay todo un conjuro de intelección espiritual entre razón, sensibilidad, emoción.

cuando Proust escribe sobre el sexo, y lo hace con frecuencia, juega un juego peligroso en la frontera de territorios entre lo muy concreto y lo muy general. El deseo sexual en a la recherche du temps perdu está muy bien localizado, pero también es el abismo en el que todas las demás formas de deseo amenazan con hundirse. Durante el ensueño nocturno con el que se abre la novela, el narrador encuentra en una rápida secuencia asociativa muchos de los objetos y actividades deseables sobre los que se aplica posteriormente su atención: el viaje, la lectura, el progreso social, los recuerdos personales e históricos, el campo y la vida artística. Abre una caja de pandora favorable, y saca de ella una multitud de deseos distintos. Pero para este pasaje, que es tremendamente optimista en muchos aspectos, también contiene su propia historia de la caída vuelta a contar (Bowie, 2000) :

-          “A veces, así como Eva nació de una costilla de Adán, una mujer nacía, mientras yo estaba durmiendo, de una mala postura de mi cadera. Y siendo criatura de placer que yo estaba a punto de disfrutar, se me figuraba que era ella la que me lo ofrecía. Mi cuerpo sentía el calor, iba a buscarlo y yo me despertaba. Todo el resto de los mortales se me aparecía como cosa muy borrosa junto a esta mujer, de la que me separara hacía un instante: aún conservaba en mi mejilla el calor de su beso y me sentía dolorido por el peso de su cuerpo. Si, como sucedía algunas veces, se me representaba con el semblante de una mujer que yo había conocido en la vida real, yo iba a entregarme con todo mi ser a este único fin: encontrarla; lo mismo que esas personas que salen de viaje para ver con sus propios ojos una ciudad deseada, imaginándose que en una cosa real se puede saborear el encanto de lo soñado” (I, 13) (Bowie, 2000)

El argumento con el que el narrador se pierde justifica el tema de la sexualidad, ya que nos representa en la relación de lo erótico y lo salvaje del sufrimiento por la ausencia que esta realidad representa en términos de plenitud en cuanto al placer y la agonía que significa conocer la libertad, Albertine es el ejemplo más claro de esta escena, el romance que vive con Marcel es delicioso, aterrador, absurdo, hermoso, doloroso, se experimentan todas las sensaciones posibles e imposibles de la conciencia, del alma.

“El narrador de Proust distingue claramente entre el valor de uso y el valor de cambio de los bienes de consumo artístico, y da un giro personal a las enseñanzas de la economía política clásica. El arte tiene valor de uso en tanto proporciona placer, seguridad intelectual o una sensación general de bienestar emocional al que lo consume o a su propietario, y valor de cambio cuando sus productos característicos se mueven en el inconstante mundo de la opinión. Las obras individuales se valoran mucho porque son capaces de responder a deseos humanos y producir sensaciones agradables, pero cualquiera de los momentos durante los que se usan  con ese tipo de finalidades está asediado por obstinadas cuestiones de posición y prestigio social” (Bowie, 2000)

-          “El ser que había renacido en mí (…) languidecía en la observación del presente donde los sentidos no pueden aportarle (la esencia de las cosas), en la consideración de un pasado que la inteligencia desecha, en la espera de un porvenir que la voluntad construye con fragmentos del presente y del pasado a los cuales retira de su realidad no conservando más de ellos más que lo que conviene al fin utilitario, estrechamente humano, que les asigna. Pero cuando un ruido, un olor, ya oído y respirado antes, le resultan nuevos, a la vez en el presente y en el pasado, reales sin ser actuales, ideales sin ser abstractos, al instante la esencia permanente y habitualmente escondida de las cosas se encuentra liberada, y nuestro auténtico yo que, a veces después de mucho tiempo, parecía muerto, pero no lo estaba del todo, se despierta, se anima al recibir el alimento celestial que se le aporta”. (VII,228 :el tiempo recobrado) (Bowie, 2000) 

En su literatura (Proust) se distingue el humor fino, susbsite en el eco de sus palabras una inteligencia superior, capaz de traducir los secretos validos en el entendimiento de la locura misma, en las transformaciones del espíritu humano a lo largo de la historia, la racionalización del conocimiento trasciende la conciencia, elevando las concepciones que se tienen a nivel onírico del sol, la luna, las estrellas y los abismos celestes que paren centauros en soledad.

“Con todo, aunque incomprendido de su propio medio, Proust no pretende que el pueblo es el depositario de todas las virtudes morales, como lo hacen nuestros escritores contemporáneos progresistas; ni considera a la burguesía capitalista como la última palabra  en civilización moderna. Recalca la malevolencia de la sirvienta Francoise, la rapacidad del chalequero Jupien, la absurdidad y estupidez de los Verdurin, los Cottard y Brichot. Pero para la aristocracia reserva su más dura condena. ¿Quiso rivalizar con la Bruyére, a quién admiraba—uno recuerda la severidad de sus juicios acerca de la corte y de los grandes--, y con pascal, a quién procuró seguir? Cuando Proust renunció al beau monde, también se constituyó en su juez despiadado. Elevó el tono, y ahora, cual padre de la iglesia—una Iglesia en la que la obra de arte ha remplazado al cuerpo de cristo--, se pone a tronar contra—el reinado de la Nada--.” (Schneider, 1971)

Con la anterior cita vemos que más allá de su posición social, Proust fue un adicto a la verdad y al arte en sí mismo, capaz de alzar su mensaje más allá de lo banal que implica vender una sola imagen, cultivar un devenir, obviamente con mucha inteligencia y capacidad logro involucrarse en contextos de gran índole para su época, lográndose mezclar con personajes muy importantes y con poder, pero siempre con su toque intelectual y su forma de abordar los temas, su humor superó limites ideológicos.

 

“Tratándose de jóvenes del gran mundo, como dicen, yo no deseo ninguna posesión física, pero no me quedo tranquilo hasta que los he tocado, no quiero decir materialmente, sino tocado su cuerda sensible.” “una vez que un joven, en vez de no contestar a mis cartas, no para de escribirme, que está a mi disposición moral, me quedo satisfecho, o más bien me quedaría satisfecho, si no me agarrara en seguida la preocupación por otro.” (Monsieur de Charlus- Jupien IV tomo, pág. 20) (Proust, 1922)

“Lo que la vida y la sociedad nos exigen a cada uno de nosotros es una atención siempre alerta que distinga los contornos de la situación presente, así como una cierta elasticidad del cuerpo y de la mente que nos permita adaptarnos de la misma” (Bergon, 2011)

Vemos como juega el autor con la sensualidad y la inteligencia, flotando en ambientes aparentemente “amorales” según el sentido religioso cristiano que no acepta el deseo entre dos seres del mismo sexo, considerándolo un pecado mortal y violento contra la voluntad de Dios, un campo que une la risa con las demás corrientes del pensamiento humano, conectado emociones, sentimientos y demás elementos significativos de la cultura, el individuo, la sociedad, prolongando uniones y distanciamientos con las formas de pensamiento y las abstracciones de la imaginación.

La Obra sin duda no desea contarlo todo al lector, recordemos que para Eco todo texto es “una maquina perezosa que le pide al lector que haga parte de su trabajo”; y si nos remitimos a las categorías de lector modelo que establece Eco, en donde el concibe el lector modelo como “aquel lector capaz de desentrañar lo “no dicho” en el texto, es decir lo que no queda manifiesto en la superficie sino que está oculto, precisamente a la espera de ese lector modelo” (Eco, 1987)

Es el lector modelo el único capaz de descubrir al autor modelo presente en la obra, entiéndase autor modelo como: “la estrategia narrativa de cualquier texto que cumple la función de confundir al lector empírico que se dispone a leer cualquier texto y es aquí donde debe aparecer el lector modelo que es quién descubre el engaño al que está o va a ser sometido” (Eco, 1987), todo esto para aclarar que la obra magistral presentada por Proust es de esta índole y no se puede leer una sola vez, porque debido al grado de complejidad de la misma es necesario leerla varias veces.

 

-          “No veía a mis amigas; pero (mientras que llegaban hasta mi mirador lo gritos de los vencedores de periódicos, los periodistas, como decía francisca, las voces de los bañistas y de los niños, que puntuaban como piar de pájaros marinos, el ruido de las olas, que se rompían suavemente) adivinaba su presencia y oía su risa, envuelta, como la de las Nereidas, en el dulce son de las ondas en la arena, que subía hasta mis oídos. –Hemos mirado- me decía Albertina por la tarde, a ver si bajaba usted. Pero las maderas del Balcón estaban cerradas hasta la hora del concierto. Qué, en efecto, estallaba a las diez  al pie de mi cuarto. Entre los intervalos de los instrumentos musicales, cuando la mar estaba muy llena, se oía, continuo y ligado, el resbalar de una ola que envolvía los trazos del violín en sus volutas de cristal y parecía lanzar su espuma por encima de los ecos intermitentes de una música submarina. (Proust, A la sombra de las muchachas en flor, 1995)





Bibliografía

Bergon, H. (2011). La risa: Ensayo sobre el significado de la comicidad. 18.

Bowie, M. (2000). Proust entre las estrellas. 104-105.

Eco, U. (1987). Lector in fabula. 74-95.

Levi, P. (1987). Si esto es un hombre.

Proust, M. (1922). Sodoma y Gomorra, en busca del tiempo perdido. (p. salinas, Ed.) 20.

Proust, M. (1995). A la sombra de las muchachas en flor. 595-596.

Schneider, M. (1971). En torno a marcel Proust. 55.

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