La balanza en el laberinto








 El cambio es inevitable

musitan los habitantes eternos

las sombras del mañana 

que sueñan el presente...


Son sólo espejos asesinos Juana,

reflejan tu sangre Juana,

sangre que olerá como en diciembre,

ya es tarde Juana,

se ensangra la mañana, resplandece...


Ayer tus uñas desgarraban mi garganta,

ayer tu voz me consolaba,

hoy retumba un susurro muerto,


Y la noche vence el silencio de la muerte.

Floreciendo de la oscuridad

un rostro del universo que no puede morir,

por el recuerdo que embellece la miseria y el hambre,

el misterio que atrapa el dolor de la ausencia.




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